«No hubo una sola decisión de la que no quisiera formar parte.»
El año en que nací, murió mi abuelo. Recuerdo a mi papá contándome cómo llegó justo a tiempo. Era 1975, y la India quedaba a un mundo de distancia en aquel entonces.
Avanza 15 años, y es mi mamá tratando de entender qué le pasaba a su papá, que siempre estaba «perfectamente bien». Otros 15 años, y me toca a mí. Mi mamá vive en Estados Unidos, a apenas 3000 millas. Es fuerte y se las arregla con mucho por su cuenta, pero cuando pasa algo malo, como necesitar un viaje en ambulancia, quiere que yo lo sepa todo y que la acompañe en ello. Y luego mi papá, ahora a apenas 10 millas, sobrellevando un cáncer, cirugías, quimioterapia y radiación. Puede que no estuviera en la India, pero yo seguía siendo su hijo indio, y no parecía nada más fácil por tenerlo cerca. Tenía mi propia carrera y mi familia. No siempre podía estar presente, pero no hubo una sola decisión de la que no quisiera formar parte.
Vuelos. Llamadas. WhatsApp. El Dr. Google. Esta no es manera de cuidar a mis padres.
Por eso creamos Setuvi.